viernes 10 de julio de 2009

Cien años de Onetti

Este artículo se publica también en diferentes medios escritos, en mi columna El barco ebrio.

Este mes se cumplen cien años del nacimiento de Juan Carlos Onetti, aquel huraño escritor uruguayo que, con el paso de los años, ha sido reconocido como el iniciador de la moderna novela latinoamericana, especialmente por quienes adquirieron fama y dólares precisamente durante el primer apogeo de la novelística escrita en América Latina y difundida comercialmente desde España, en los años sesenta del siglo pasado.
Veinticuatro años antes de que Mario Vargas Llosa inaugurara el denominado “boom” de la novela latinoamericana con “La ciudad y los perros” y cuando éste tenía nada más tres años de edad, Onetti había publicado una brevísima novela en la que un hombre cuarentón, solitario y deprimido, no tenía más horizonte que el que se le aparecía a través de una sucia ventana, en medio de una ciudad caótica, y más recuerdos que un lejano amor, inventado y obsesivo.
Por entonces, casi nadie se interesó en esta oscura historia, con un título que ilustraba de por sí la crisis sin salida del Eladio Linacero, personaje de “El pozo”. Salvo unos poquísimos amigos, tampoco nadie se interesó en la azarosa vida de su autor, un hombre de lentes gruesos y pocas palabras que para entonces había abandonado los estudios escolares por una huelga general, había ejercido oficios tan disímiles como cobrador de taquilla en un estadio o crítico de cine y se había casado dos veces, la segunda con la hermana de la primera, que además era su prima.
Ya para cuando los jóvenes Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante o Cortázar disfrutaban del éxito de sus novelas –La casa verde, Cien años de soledad, La muerte de Artemio Cruz, Tres tristes tigres y Rayuela, respectivamente- Juan Carlos Onetti se sobreponía a ellos con sus novelas más maduras: “El astillero” y “Juntacadáveres”; entonces la crítica tuvo que mirar hacia atrás y descubrió que había novelas como “La vida breve” o “Para esta noche”, o cuentos como “La casa en la arena” o “El infierno tan temido” en las que se aparecían y desparecían personajes dramáticamente desarraigados no solo de sus ciudades sino de sus propias personalidades, y vagaban de una historia a otra contagiando una deprimente condición humana.
Fue un importante hallazgo para la literatura universal, sin embargo, muy pocos seguían interesados en la vida de este autor que esquivaba entrevistas, trabajaba como bibliotecario y periodista, se emborrachaba en congresos de escritores, se escondía en su casa a leer novelas policiales, opinaba contra el abuso del poder y se casaba dos veces más, hasta que la dictadura militar lo obliga a exiliarse en España, en 1974. Para entonces, la vida de Onetti ya se había convertido en un mito que, hasta hoy, a quince años de su muerte, no se ha podido desentrañar y, por el contrario, es alimentado por el carácter tan reservado, áspero y huidizo con que manejó su propia historia personal.
Hay dos mundos en los que Onetti desenvuelve su vida. El mundo de la realidad, donde él mismo construye, enreda y desenreda su existencia terrenal, la que biógrafos y entrevistadores han tratado de explicar a raíz de las declaraciones, opiniones y frases que ha ido soltando, a pesar suyo, a lo largo de su escaza vida pública. Y el mundo de la ficción, donde les presta su voz a médicos fracasados, periodistas oscuros y corruptos, empresarios derrotados, prostitutas ingenuas, esposas desquiciadas, asesinos infelices, quienes a su vez crean sus propios mundos, viven sus ficciones, en una ciudad creada especialmente para ellos por uno de ellos, José María Brausen, el hacedor de todo. El propio Onetti aparece en sus propias historias, de espaldas, silencioso, como si estuviera listo para no corregir el trágico destino de sus personajes.
Los críticos coinciden en que este sería el mayor mérito de Juan Carlos Onetti, un mérito que no conseguiría éxito, pues varias de sus novelas llegaron a ocupar nada más que segundos lugares en los premios que tentó. Alguien recoge la anécdota de que cuando Vargas Llosa gana el Premio de la Crítica por “La casa verde” y Onetti obtiene el segundo lugar por “Juntacadáveres”, ambas historias de prostíbulos, el uruguayo habría dicho “es que el prostíbulo de Mario tenía orquesta”. Esta sola frase puede recoger el sarcasmo con que Onetti refleja sus dos mundos, ambos llenos de fracasos y casi éxitos.
Juan Carlos Onetti nació en Montevideo, el 1 de julio de 1909, cuando su pequeño país era aún el modelo de la modernidad en América Latina y cuando el modernismo empezaba a ceder ante el insurgente indigenismo. Murió el 30 de mayo en Madrid, dedicado exclusivamente a leer novelitas policiales en su cama y luego de haber recibido el Premio Cervantes de Literatura, el mayor reconocimiento a una obra escrita en castellano y donde recién se fue difundiendo su obra completa, en la que además de las novelas y los cuentos hay artículos periodísticos, hasta una historia que ha sido publicada este año, luego de haber permanecido perdida por varias décadas.
Onetti no es un autor difícil, como han dicho quienes se han acercado a su obra con el perjuicio de entra a un mundo sórdido y peligroso, sólo se requiere atención para descubrir la punta del hilo con el que se han tejido las complejas historias, humor para asimilar la tragedia humana que nos es mostrada a través de personajes muy cercanos a nosotros, una cultura que nos permita entender nuestro propio mundo y cariño para acercarnos al corazón de este huraño viejo con espalda de puercoespín, al que sería imposible no querer abrazar.

jueves 9 de julio de 2009

"El Laberinto" en Letralia


El poema "El Laberinto", que publicara con ocasión el encuentro de escritores en Lampa, Perú, a fines del año pasado y que hace unos días se presentó en Puno con comentarios de Feliciano Padilla, Boris Espezúa, Baldimiro Centeno y José Paniaga Núñez, acaba de aparecer en el último número de Letralia, una de las revistas venezolanas de mayor difusión en América Latina y que dirije Jorge Gómez Jiménez. El poema, de catorce estrofas, aparece completo, acompañado de una breve nota biográfica. Invitados, pues, a visitar la página.

miércoles 8 de julio de 2009

Nueva novela de Luis Gallegos

Luis Gallegos es uno de los escritores más prolíficos y vitales de Puno. A punto de cumplir noventa años de edad, presenta esta semana un libro más de su extensa bibliografía, en la que ha plasmado a través de cuentos, novelas y novelas históricas su particular forma de ver el mundo del altiplano, lugar mágico donde la imaginación no es suficiente para absorver toda su energía y fuerza que se desborda por sus paisajes, personajes y manifestaciones culturales.
Esta vez, Luis Gallegos echa mano y pluma a uno de esos personajes cuya vida se va convirtiendo en mito y traspasan esa delgada frontera de la realidad y la ficción. "El camarada vicente" titula esta nueva historia en la que, seguramente, muchos transeúntes de estas angostas, tranquilas pero históricas calles se van a reconocer.
Aquí el texto de la invitación:

EL INSTITUTO AMERICANO DE ARTE DE PUNO
Y
EL GRUPO SUR DE ESCRITORES ANDINOS

SE COMPLACEN
EN PRESENTAR LA BIOGRAFÍA NOVELADA

EL CAMARADA VICENTE

DEL NARRADOR PUNEÑO

LUIS GALLEGOS ARRIOLA

”PROGRAMA ESPECIAL”


COMENTAN:

JOSÉ PANIAGUA NÚÑEZ
Y
FELICIANO PADILLA



LOCAL: DEL INSTITUTO AMERICANO DE ARTE
Jr. Deza s/n (al costado del CINE MUNICIPAL)
FECHA: VIERNES 10 DE JULIO DEL 2009.
HORA: 7 p.m.
VINO DE HONOR: 9 p.m.

lunes 6 de julio de 2009

Vicente Benavente (1926 - 2009)

La noticia de la muerte del poeta juliaqueño Vicente Benavente, ha generado profundo pesar en el ámbito literario de Puno, pero además en otros espacios, pues su obra había sido revalorada y difundida en los últimos años con especial interés, y él mismo había recibido importantes homenajes.
Uno de los difusores de su obra, Walter Bedregal, escribe en el diario Los Andes, de Puno, una breve semblanza que reproduzco en parte.
Vicente Benavente Calla, poeta de la nostalgia, del amor eterno, de olor a su tierra calcetera, del exilio interior, muere en su tierra natal a la edad de 83 años, este sábado 04 de julio, informaron fuentes próximas a su familia. Tras una larga enfermedad que arrastraba un delicado estado de salud, dejo de existir en el Hospital de ESSALUD – Juliaca. El poeta había sido internado varias veces los últimos tres años. La última vez fue el pasado lunes. Benavente no pudo resistir la soledad que le dejó su amada esposa (Angélica Llerena, fallecida a finales del mes de diciembre del año 2008, tras 50 años de matrimonio).
Antes de su último ingreso, Benavente estaba trabajando en un nuevo libro de poesía, cuyo título provisional era: “Cartas para encontrarme”.
Aunque para él patriarca de las letras calceteras – como se le conocía – era tener lectores y ser querido por una población entera, él, en la ciudad de los vientos, Juliaca, fue reconocido con innumerables galardones.
En el año 2007, se le rindió un merecido Homenaje, en un II Encuentro Internacional de Escritores “Juliaca 2007” que llevó su nombre.
En su última aparición en público, (15 de abril, día del poeta peruano) Benavente recibió el Premio “Carlos Oquendo de Amat” a las letras puneñas 2009, en el género de poesía; de manos de la presidencia de la ANEA – San Román y patrocinado por la Universidad Andina “Néstor Cáceres Velásquez”, la Municipalidad Provincial de San Román – Juliaca y los Grupos editoriales “Hijos de la lluvia” y LagOculto editores.

Foto: Diario Los Andes.

viernes 26 de junio de 2009

Dos versiones de Basho


Teniendo en cuenta el serio riesgo de que el blog se convierta en un obituario (desde el Mono Villavicencio hasta Michael Jackson, pasando por Alberto Andrade y Farrah Fawcett), lo mejor es reflexionar sobre el camino que nos toca y queda por recorrer, y nada mejor que la brevedad de un haiku.
Difícil tarea de traducir el verdadero sentido del breve poema al español, como muestra solo dos versiones de un mismo haiku de Matsuo Basho, que según los entendidos es quien llevó a su máxima expresión esta forma mínima de mostrar la belleza. Octavio Paz y Francisco Villalba han tratado de decir en nuestro idioma lo que Basho dijo en un japonés de hace cuatrocientos años.

este camino
nadie ya lo recorre
salvo el crepúsculo
(Paz)
nadie emprende
este camino salvo
el crepúsculo de otoño
(Villalba)

jueves 25 de junio de 2009

Farrah Fawcett is dead

¿Quién no ha pegado en la pared de su cuarto de soltero, o en los forros de los cuadernos escolares, un poster o una foto de Farrah Fawcett? Aquellos años setenta la melena de esta rubia iluminaba los televisores a blanco y negro y después mantenía en vilo al respetable en las cursis historias policiales de "Los ángeles de Charlie". Más tarde su sonrisa quiso ser copiada por una mexicana de telenovelas, pero la verdadera había quedado estampada en el imaginario juvenil de aquellos años y, aunque el tiempo ha pasado y sus últimas fotos mostraban la natural decadencia de su cuerpo, será defícil recordarla de otra manera.
Bueno, pues, los cables de las últimas noticias informan que la Fawcett ha muerto hoy, jueves, a los 62 años, en un hospital de Los Angeles.
No pudo superar el cáncer, pero había hecho todo lo posible por no borrar su sonrisa y estaba a punto de casarse con el actor Ryan O`Neal.

El Búho y su tercer concurso literario regional

El semanario arequipeño El Búho ha convocado a la tercera edición de su concurso literario, a nivel regional, con la firme convicción de superar las dos anteriores y exitosas convocatorias.

Poesía, cuento corto y ensayo breve son los géneros en que se puede participar y, además de ver publicados sus trabajos, llevarse al bolsillo un nada despreciable premio en metálico.

Importante la apertura del alado y sabio semanario a la creación y el pensamiento regional, que sin duda contribuye a fortalecer la ciudadanía de primera categoría, que según un tal García, nos divide a los peruanos.

A afilar las plumas y sacar brillo al verbo y participar, pues.

Vea las bases haciéndole click al ojiabierto pájaro del afiche.

miércoles 24 de junio de 2009

Dos poemas de Silvia Plath (1932 - 1963)




" Cierro los ojos y el mundo muere;

Levanto los párpados y nace todo nuevamente.

(Creo que te inventé en mi mente).


Las estrellas salen valseando en azul y rojo,

Sin sentir galopa la negrura:

Cierro los ojos y el mundo muere.


Soñé que me hechizabas en la cama

Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.

(Creo que te inventé en mi mente).


Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:

Escapan serafines y soldados de satán:

Cierro los ojos y el mundo muere.


Imaginé que volverías como dijiste,

Pero crecí y olvidé tu nombre.

(Creo que te inventé en mi mente)


Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;

Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.

Cierro los ojos y el mundo muere.

(Creo que te inventé en mi mente). "



La mujer alcanzó la perfección.

Su cuerpo muerto muestra la sonrisa de realización,

la apariencia de una necesidad griega

fluye por los pergaminos de su toga,

sus pies desnudos parecen decir,

hasta aquí hemos llegado, se acabó.

Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,

uno a cada pequeña jarra de leche ahora vacía.

Ella los ha plegado de nuevo hacia su cuerpo;

así los pétalos de una rosa cerrada,

cuando el jardín se envara

y los olores sangran de las dulces gargantas

profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene por qué entristecerse,

mirando con fijeza desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas.

Sus negros crepitan y se arrastran.
(La ilustración está tomada de Letralia)