sábado, 26 de mayo de 2012

Rulfo vuelto a ver

Una interesante nota que viene en La Ventana, de Casa de las Américas, que a su vez la ha tomado de Cuba Literaria. Juan Rulfo, como sus personajes, siempre vuelve, aún a través de los recuerdos de quienes lo conocieron o quienes sintieron profundamente su influencia. Vale la pena volver a verlo. En la imagen, Rulfo conversa con su amigo Juan José Arriola, también recordado en esta nota.

Por: René Avilés Fabila 

Cuando estudiaba a Francia, comencé a viajar por Europa; las personas que conocía preguntaban por Juan Rulfo. Lo mismo en París, Madrid que en Lisboa. En la Sorbona fui invitado, y esa fue mi primera conferencia en una institución extranjera, a platicar sobre Pedro Páramo. Los asistentes inquirían sobre la obra y el enigmático autor. 

Pero no era novedad, ya había escuchado a escritores que no llegaban a la fama todavía, como Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez, hablar del asombro que les produjo leer Pedro Páramo, mientras que intelectuales de la talla de Henrique González Casanova y Ricardo Pozas hablaban de su genio y amigos entrañables, de entre los que menciono a Juan de la Cabada, Andrés Henestrosa y José Revueltas, señalaban su impresionante forma de dominar la narración, sus imágenes suaves y originales, sus estructuras siempre diversas, memorables. Y Jorge Luis Borges, en exceso severo, reconocía el talento de Rulfo. 

Las leyendas comenzaron: unos decían que Pedro Páramo era al principio una farragosa novela de unas quinientas páginas que Alí Chumacero y José Luis Martínez ayudaron a desbrozar. El primero me confirmó el apoyo, el segundo optó por el silencio. 

En 1958 leí a Rulfo por vez primera y lo conocí en 1965 a través de la beca del Centro Mexicano de Escritores, donde los mentores eran Juan José Arreola, Francisco Monterde y el propio Juan Rulfo. Fueron algunos de mis mejores maestros de literatura. La mía era una generación inquieta que denominaron de la Onda, nombre que se ha conservado a pesar de nuestro rechazo. Para mí era un sueño tratar al autor de cuentos magistrales que me estimularon a escribir. 

Por ser un autor citadino, eminentemente urbano, con tendencias a la literatura fantástica, me sentí siempre más cercano a Juan José Arreola. Con nosotros fundó la que sería su última gran revista: Mester. Pero conseguía comunicarme bien con Rulfo, un enorme lector, profundo conocedor de las mejores novelas, que no acostumbraba alardear su cultura. Era reservado y de apariencia tímida. Hablaba sólo cuando era necesario y de pronto era capaz de lanzar dardos muy afilados. 

Alguna vez Fernando Benítez me mandó entrevistarlo, no fue fácil. Pensé que lo sería porque lo veía todos los miércoles por la tarde y a veces solía acompañarlo a su casa. Le pedí la entrevista y él aceptó. Me contestó con monosílabos o frases pequeñas. Cuando le mostré a Benítez el resultado, desdeñoso dijo: “No sirve, hay más preguntas que respuestas”. 

Pero lo importante es que Rulfo me tenía alguna deferencia, al menos me aceptaba, no era igual con mis compañeros generacionales, con José Agustín, por ejemplo, tuvo encontronazos severos, donde, claro, mi amigo salió más lastimado. Alguna vez tomamos un café y le dije que no tenía ningún libro suyo firmado. Sonrió. Más adelante me regaló una hermosa fotografía, donde él aparece de medio cuerpo, con esa mirada triste que le vi en el Instituto Nacional Indigenista. La firmó afectuosamente, hoy es parte del acervo del Museo del Escritor. 

La obra de Juan Rulfo realmente se limita a dos libros. No necesitó más para ganarse un lugar de altísimo rango en la literatura universal. Quizá por ello era severo con los jóvenes, nos pedía más rigor y menos páginas. Cuando murió, estaba yo al frente del suplemento cultural de Excélsior. El director me dio la orden de cubrir la nota. Apareció no en El Búho sino en las páginas de la primera sección, señal de la importancia del suceso. 

Los tiempos han cambiado y como afirma Mario Vargas Llosa en su obra La civilización del espectáculo, los literatos son menos apreciados que en el pasado. La alta cultura ha sido sustituida por el entretenimiento y el show. Sin embargo, a pesar de que nuevas figuras han aparecido y los buenos libros importan menos, el mundo de Rulfo sigue impresionando. Sus tramas inteligentes, sus personajes inolvidables, su prosa justa y renovadora, la temática rural que él llevó a sus más altas consecuencias, nos obligan a seguir leyéndolo. Multitraducido, elogiado por severos críticos nacionales e internacionales, incluido en rigurosas antologías y llevado a la cinematografía, Rulfo continúa vigente. En vida la fama lo abrumó, lo aterrorizó, podría decirse. A diferencia de su amigo y paisano Juan José Arreola, a quien la fama, el éxito, le iban bien, a Rulfo parecían incomodarlo. 

Conmigo no fue severo, pero alguna vez, irritado, señaló inconsistencias en un cuento mío. “¿Cómo pueden juzgar legalmente a unas ratas por haber devorado la cosecha? Es imposible”. Me sorprendió el comentario de quien hizo hablar a los muertos. A la semana siguiente, la nota graciosa de los diarios era que en Iztapalapa habían detenido a un burro por invadir propiedad privada y luego puesto en libertad por falta de méritos. Recorté la nota y se la llevé. La leyó y dijo: “René, está claro: la realidad supera a la fantasía”. 

En lo personal, su ayuda fue valiosa, gracias a él di con autores que han sido importantes en mi vida de escritor. Seguirá llamándome la atención el recuerdo de un hombre notable que parecía ignorar su fama, su peso en las letras universales. 
Tomado de Cubaliteraria

jueves, 24 de mayo de 2012

Pessoa: poema

Se informa de que un coleccionista ha comprado la máquina de escribir y el escritorio de Fernando Pessoa. De las teclas de esa máquina no solo han salido letras, palabras y poemas, sino también otras identidades, como Alberto Caeiro, detrás de las cuales Pessoa era otro, y era el mismo.
FERNANDO PESSOA 

Todo me cansa, hasta lo que no me cansa. Mi alegría 
es tan dolorosa como mi dolor. 

Quien me diera ser un niño poniendo barcos de papel 
en un estanque de la quinta, con un dosel rústico de 
redes de parral poniendo ajedreces de luz y sombra 
verde en los reflejos sombríos de la poco agua. 

Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente 
que yo vea y comprenda la vida, yo no la puedo tocar. 

¿Razonar mi tristeza? ¿para qué si el raciocinio es 
un esfuerzo? y quien está triste no puede esforzarse. 

Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la 
vida de los que yo tanto querría abdicar. Abdicar es 
un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme. 

¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel 
coche, el conductor de aquel tren! ¡cualquier banal Otro 
supuesto cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me 
penetra para que yo la quiera y se me finge ajena! 

Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa. 
La noción de la vida como un Todo no me aplastaría 
los hombros del pensamiento. 

Mis sueños son un refugio estúpido, como un 
paraguas contra un rayo. 

Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos y de 
actos. 

Por más que por mí me interne, todos los atajos de 
mi sueño van a dar a claridades de angustia. 

Incluyo yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en los 
que el sueño me huye. Entonces las cosas me parecen 
nítidas. Se desvanece la neblina en la que me cerco. 
Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma. 
Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas. 
Todos los pesos visibles de objetos me pesan por 
dentro del alma. 

La (mi) vida es como si me golpeasen con ella.´


ALBERTO CAEIRO

XXXIX

El misterio de las cosas, ¿dónde está?
¿Dónde está él que no aparece
por lo menos para mostrarnos que es misterio?
¿Qué sabe el río y que sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos, ¿qué sé de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los
.....hombres piensan de ellas,
río como un riacho que suena fresco en una piedra.

Porque el único sentido oculto de las cosas
es no tener ningún sentido oculto.
es más extraño que todas las extrañezas
y que los sueños de todos los poetas
y los pensamientos de todos los filósofos
que las cosas sean realmente lo que parecen ser
y no haya nada que comprender.

Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos:
Las cosas no tienen significación: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

Cuando la hierba crezca encima de mi sepultura.
sea ésa la señal para que me olviden del todo.
La naturaleza nunca se acuerda, y por eso es bella.
Y si tuvieran la necesidad enfermiza de “interpretar”
la hierba verde sobre mi sepultura,
digan que continúo para verdecer y ser natural. 

lunes, 21 de mayo de 2012

Conmemoran 50 años de "La ciudad y los perros"

El inicio del llamado "boom" de la literatura latinoamericana es, comercialmente hablando, la publicación de "La ciudad y los perros" del entonces jovencito Mario Vargas Llosa, hoy Premio Nobel de Literatura. Fue su primera gran novela y su salto a la fama, y fue también la primera obra ganadora del Premio Biblioteca Breve, que sostuvo esa etapa en la que los escritores latinoamericanos brillaron por la calidad de sus historias. El arequipeño inició la lista de autores como Carlos Fuentes y Guillermo Cabrera Infante, y hoy la Real Academia de la Lengua lo celebra con una edición conmemorativa de la novela de MVLL. La nota viene en la sección cultural de El Mundo, de España.

Cincuenta años después de la concesión a 'La ciudad y los perros', primera novela de Mario Vargas Llosa, del premio Biblioteca Breve (1962), la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) rinden homenaje al académico y premio Nobel de Literatura con una edición conmemorativa, a cargo de la editorial Alfaguara, del libro que marcó el inicio de su trayectoria literaria.
Tal como se indica en la presentación de esta edición, que saldrá a la venta el próximo miércoles, "la aparición de la novela marcó un paso importante en la superación de la temática indigenista, de la búsqueda de raíces y valores prehispánicos, avanzando hacia un terreno cotidiano, la realidad presente del ciudadano americano, vertebrado, todo ello, en nuevas formas de novelar para la literatura hispánica basadas en la experimentación con la técnica narrativa. Esta innovación de fondo y forma convierte a Vargas Llosa en punto de referencia fundamental de la narrativa hispanoamericana actual".
La coordinación de la presente edición ha sido encomendada a la Academia Peruana de la Lengua y a su presidente, Marco Martos, cuyo texto inicial rastrea las fuentes literarias de Vargas Llosa. Acompañan a este volumen, revisado por su autor, los estudios de José Miguel Oviedo (Perú), Víctor García de la Concha (RAE), Darío Villanueva (RAE), Javier Cercas, Carlos Garayar (Perú), John King (EE. UU.) y Efraín Kristal (Perú). Completan el libro una bibliografía, a cargo de Miguel Ángel Rodríguez Rea, y un glosario y un índice onomástico elaborados por Carlos Domínguez y Agustín Panizo.

Traducida a más de 30 lenguas

'La ciudad y los perros', traducida a más de treinta lenguas, está ambientada en el Colegio Militar Leoncio Prado, donde adolescentes y jóvenes internos reciben formación escolar secundaria bajo una severa disciplina militar.
En opinión de Marco Martos, "desde el punto de vista lingüístico, Mario Vargas Llosa, ahora que su verbo ha alcanzado una dimensión universal, entrega permanentemente al mundo la modalidad peruana de manejar el español, palpable en esta primera novela, más que en ninguna otra salida de su pluma, y permite que sea conocida en todos los lugares donde se habla nuestro idioma común".
La obra se inscribe en la serie de ediciones conmemorativas de la RAE y la ASALE, en la que también figuran 'Don Quijote de la Mancha', de Miguel de Cervantes, 'Cien años de soledad', de Gabriel García Márquez, 'La región más transparente', de Carlos Fuentes, y las antologías de Pablo Neruda y Gabriela Mistral.
(Europa Press)

viernes, 18 de mayo de 2012

Carlos Fuentes será vecino de Vallejo

La nota viene en el diario ABC, de España, y aunque hace erizar los pelos es un ejemplo más del realismo mágico que envolvió la literatura latinoamericana desde los años sesenta, que no es más que el reflejo de nuestra extraña forma de ser. La nota, además, recupera una mirada a uno de los cementerios más famosos y visitados del mundo, donde nuestro César Vallejo es uno de los vecinos notables.
Dice el texto:
El cementerio parisino de Montparnasse, donde próximamente descansarán los restos del escritor Carlos Fuentes, acoge las tumbas de un sinfín de artistas, intelectuales y literatos, como las de Julio Cortázar y César Vallejo.
El mexicano, realizó hace dos años todas las gestiones necesarias para ser enterrado en este cementerio de París, ciudad a la que le unen fuertes lazos debido a su estancia como embajador entre 1975 y 1977 y, fundamentalmente, a que es en este cementerio donde reposan los restos de sus hijos Natasha y Carlos.
Según aclaró el pasado martes un portavoz de la Embajada mexicana en la capital francesa, serán los familiares del escritor quienes decidirán "los tiempos y las formas" de su traslado desde México, donde falleció, al cementerio parisino.
Aunque no de forma intencional, el literato compartirá recinto con el poeta peruano César Vallejo, que llegó a la ciudad en 1923 para dejar atrás desengaños amorosos y una vida de trabajos penosos en las minas andinas, y se quedó hasta su muerte. También con el argentino Julio Cortázar, que en 1951 aterrizó en París, para trabajar como traductor en la Unesco y que, pese a dominar completamente el idioma y ser naturalizado por el presidente François Mitterrand en 1981, nunca quiso escribir en francés.
Paradojas del destino, el escritor de "Rayuela" acabaría enterrado en este cementerio de la capital francesa pese a haber afirmado con frecuencia que vivir en Francia le había hecho descubrir hasta qué punto se sentía latinoamericano: "hay que estar lejos para amar la casa", aseguraba... citando a Apollinaire.

La historia de un cementerio peculiar

Y es que, aunque algo alejado del halo célebre de Père Lachaise o del regusto pintoresco de Montmartre, el cementerio de Montparnasse se inauguró en 1824, en un espacio que había servido sucesivamente de vertedero y camposanto de tumbas anónimas. El recinto, segunda necrópolis por tamaño dentro de París con 19 hectáreas, albergó durante muchos años lápidas sin nombre (las de personas que morían sin que nadie reclamara su cuerpo), que en la actualidad comparten historia con muchas celebridades francesas y extranjeras.
Edificada en un batiburrillo de estilos contemporáneo, clásico, haussmaniano y "Art Nouveau", transpira lirismo desde el nombre: el Mont-Parnasse (o Monte Parnaso, en español) se considera la patria simbólica de los poetas, por tratarse de la morada del dios Apolo y de las musas en la mitología griega.

Ilustres moradores

Poetas como el simbolista Charles Baudelaire, cuyos restos descansan a la sombra de los tilos, fresnos y coníferas que bordean las avenidas de este camposanto. Igualmente están allí las tumbas de otros literatos como Guy de Maupassant, autor de "Bel-Ami", Marguerite Duras o el Premio Nobel de literatura, dramaturgo y novelista irlandés Samuel Beckett, que comparte una sencilla lápida de mármol con su esposa en la senda principal del cementerio.
El autor de "Esperando a Godot", que haciendo alarde de su humor absurdo hasta el final pidió que su tumba fuera "de cualquier color, siempre que sea gris", vivió en París, adoptó el francés como su segunda lengua, y quiso quedarse en la ciudad también tras su muerte. No lejos de su lápida, se encuentra la de quien podía haber sido a su vez Premio Nobel si no hubiera rechazado tajantemente la distinción, el filósofo Jean-Paul Sartre, así como la de su alter-ego femenino, la también pensadora existencialista Simone de Beauvoir.
Las palabras de la lengua francesa quedan a buen recaudo en este campo de lápidas gracias a los fundadores de los dos diccionarios más famosos: Littré y Larousse. Montparnasse cuenta con otros exponentes extranjeros, como el fotógrafo surrealista Man Ray o la ensayista y militante Susan Sontag, ambos estadounidenses, o el escultor ruso Zadkine.
Si los amantes del rock acuden en peregrinación a tirar cerveza, cigarrillos y otras sustancias psicotrópicas a la tumba de Jim Morrison en el cementerio de Pere Lachaise, los nostálgicos de la "chanson française" tienen su contrapartida con Serge Gainsbourg en Montparnasse. La lápida de quien cantó "Je t'aime... moi non plus" aparece cubierta de billetes de metro en honor a su canción "Le poinçonneur des Lilas", sobre un trabajador de esa estación del suburbano de la capital francesa, en la que Gainsbourg ya adelantaba que "no hay sol bajo tierra".
Sea con sol o sin él, multitud de extranjeros se vieron irremediablemente atraídos por esta ciudad que inhala y exhala cultura, para vivir, trabajar y posteriormente, descansar eternamente en ella.
(EFE)

miércoles, 16 de mayo de 2012

Un texto de Carlos García Miranda (1967 - 2012)

Hoy, una enfermedad se llevó tempranamente al escritor y profesor universitario Carlos García Miranda. Tenía 44 años y había estado haciendo lo necesario para hacerse de un lugar en el mundo literario peruano, que siempre paga mal. Para recordarlo, y para que algunos recién lo conozcan, reproducimos un breve texto suyo. El cuento lo encontramos aquí y la foto salió de acá.

Ruido adentro

Un cuento de Carlos García Miranda


En la madrugada ella sintió un ruido tras la puerta de su habitación. Un ruido en el corredor. Esperó unos segundos arropada en su cama. El ruido continuaba ahora en la sala. Estaba segura de que era en la sala. Entonces se levantó. Fue hacia la puerta. Se apretó contra ella. El ruido seguía. Esta vez en la cocina. Ella volvió a su cama. Sin éxito buscó algo en su velador. Insistió debajo de su cama, su almohada, entre sus sábanas. Nada. Luego, terminó quedándose mirando largamente la puerta. Al otro lado, el ruido proseguía en toda la casa.
Por la mañana ella estaba en la cocina. Sorbía lentamente su café. Sorbía mientras miraba al otro untar un pan con mantequilla.
-Te digo que ya no quiero permanecer un rato más aquí -dijo ella mirándolo por sobre la taza de café.
-No te asustes, ya pasará -argulló el otro
-Jódete, yo me largo.
-¿Y esto?
-¡Que se lo lleve el diablo, no me importa!
-Eres una tonta, vas a dejar que se salgan con la suya.
Ella sintió su café frío. Puso la taza sobre la mesa húmeda y grasienta. El otro dejó de untar más mantequilla en su pan. Dio un mordisco. Desde la ventana caía un rayo de sol. El rayo llegaba hasta los pies de la muchacha.
- Entonces alquílalo - dijo el otro mordiendo su pan.
-¿Quién lo querría?
- Cualquiera que no les tema
- Todos les temen
- Yo no
Ella dejó de mirarlo. Sonrió. El rayo de sol encendía ahora su larga cabellera castaña.
- Estás loco- dijo
- No, únicamente no tengo miedo
El otro la miraba mientras seguía mordiendo su pan. Ella no quería ceder, pero él continuaba insistiendo. A ratos era como un ruido en su cabeza. Un ruido que iba de un lado a otro, como aquel ruido de la madrugada anterior.
-¿Eras tú, no?
-¿Qué?
-No te hagas, eras tú el de los ruidos
-¿Deliras?
-No, eras tú
-¿Estás loca?
-¡Eras tú, maldito, tú!
Un poco turbado el otro dejó de morder su pan. Lo dejó a medio consumir sobre la mesa. Lo dejó y salió. Ella lo vio a cruzar a través de la puerta. Sintió sus pasos en el corredor, la sala, su habitación, el baño, nuevamente la sala, el corredor...
Había llegado la noche y ella seguía en la cocina. Estaba sola y temblaba. Sola y mordiéndose los nudillos. Mordiéndolos como si fueran un pan. Un pan ensalivado y lleno de mocos. Ella mordía sin dejar de mirar hacia la puerta. Detrás, el ruido, otra vez incesante, en toda la casa...

martes, 15 de mayo de 2012

Javier Heraud: Las estaciones

Se cumplen cuarenta y nueve años del asesinato de Javier Heraud, y nos quedan sus palabras.

LAS ESTACIONES



Invierno
Agosto ha pasado ya.
Duras primaveras
acosan mis olvidados
recuerdos.
(Las cicatrices
del tiempo y del olvido,
lo cicatrices del odio
y el amor,
las llanuras de sangre
abiertas con la mano,
los campos desolados
por la sed y el amor)
 
Primavera
Es la hora de la sangre 
y del clamor. 
ahí donde vibraban 
los viejos clarines, 
allí donde sonaban 
los viejos sonetos, 
vibran y suenan 
los días oscuros 
del tiempo y del amor. 
Los muertos esperan 
felices los truenos 
pacientes, 
y los ríos congelados 
aguardan la llegada 
del verano. 
Verano, viejo sólido, 
nada podrás contra 
la ardiente tiranía 
de la primavera.
 
Verano
Redoblados soplos del amor 
sacuden el corazón y los ojos. 
(Es la luz de la vida y 
de los días. Es el castigo de la 
muerte y de las noches). 
Recojo y siembro las semillas 
del amor; 
camino entre noches 
oscurecidas por 
el vino, 
pregunto a la tierra 
y a los montes, 
arranco montañas 
de odios y tumultos: 
¿Qué son las tardes 
al lado de la paz, 
qué son los montes 
al lado de los sueños, 
qué son los ríos 
a lado de las lágrimas, 
qué son una sonrisa, 
un llanto, 
un estremecimiento, 
un 
rostro, 
una 
mano 
si día a día 
mueren 
las hierbas 
en los campos, 
si día a día 
caen en sus 
noches 
los árboles 
del amor y 
del silencio?

Otoño
En los ríos del otoño,
mi sangre, mi muertos,
mi amor, las hierbas caídas,
mis labios, las cicatrices
abiertas,
se fundirán como
una primavera,
se unirán como niños
jugando,
en el eterno renacer
de nuestros corazones.


Javier Heraud

¡Javier Heraud! ¡Presente!

Carlos Fuentes (1928 - 2012)

Imposible concebir la literatura latinoamericana contemporánea sin Carlos Fuentes, sin "La muerte de Artemio Cruz" o "La región más transparente" y una larga lista de títulos que hacen de Fuentes un autor trascendente.
La nota de su fallecimiento, esta tarde, viene ya a través de diferentes fuentes. Extraemos unas líneas de El Universal.
México.- El escritor mexicano Carlos Fuentes, uno de los autores más prolíficos de la literatura latinoamericana, murió el martes a los 83 años, informaron medios locales, informó Reuters. Ayer había sido recién nombrado doctor honoris causa por la Universidad de las Islas Baleares (UIB), dijo por su parte Efe. La propuesta, aprobada por el consejo de gobierno de la UIB, ha partido del departamento de Fiología Española, Moderna y Clásica de la universidad balear. 
El escritor mexicano es uno de los más brillantes de las letras hispanas, entre cuyos galardones figuran los Premios Cervantes (1987), Príncipe de Asturias (1994) o el de la Real Academia Española (2004). Este doctorado "honoris causa" se suma al los de otras universidades españolas, como la UNED (2000), la Universidad de Cantabria (2001) y la Universidad de Castilla-La Mancha (2005). 
Un funcionario del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), no autorizado a ser identificado por nombre, dijo a The Associated Press que el escritor murió en un hospital de la ciudad de México, aunque dijo no saber las causas del deceso. 
Diversas figuras en México comenzaron a lamentar el deceso del escrito, quien con regularidad fue mencionado como candidato al premio Nobel de Literatura, aunque nunca se lo concedieron. Fuentes ganó los afamados premios Cervantes, Rómulo Gallegos y el Príncipe de Asturias, entre otros. 




Algunas frases que soltó Fuentes:



La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es”.
“¿La creación está inconclusa? Si. Y éste es el requisito por donde, inevitablemente, Dios se me cuela al mundo. Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza, ¿Dios contiene el mal humano? Yo contesto, si. Somos reflejo también de la parte mala o inconclusa de Dios. Obramos para completar a Dios”.
“Las revoluciones las hacen los hombres de carne y hueso y no los santos y todas acaban por crear una nueva casta privilegiada”.


domingo, 13 de mayo de 2012

Gamboa vuelve a la política colombiana a través de la ficción

Santiago Gamboa venía arrastrando una fama casi velada hasta que ganó un importante premio literario en España (para ser conocido en América Latina, para existir, hay que ganar un premio en España, decía más o menos así Calderón Fajardo en las alturas de Lampa), pero su prestigio ya se veía venir. Ahora, con fama y prestigio, Gamboa vuelve con una novela donde el marco de fondo es la historia política última de Colombia, con Alvaro Uribe como uno de los protagonistas ocultos. La nota viene en El País.
Santiago Gamboa, representante de la "novela dura"

Por: Pablo Ordaz
Santiago Gamboa (Bogotá, 1965) no quiere que lo lean por ser colombiano –“como yo no leo a Malraux por francés ni a Tabucchi por italiano”--, ni cree que para escribir una buena novela haya que salirse de los senderos ya marcados de la literatura: "Dice el maestro Fernando Botero que nunca ha dado una pincelada que no esté autorizada por la historia del arte. Y lo que él dice refiriéndose a la pintura lo intento aplicar yo a mis novelas: me gusta que los temas que elijo estén autorizados de alguna manera por la historia de la literatura". De ahí que su última novela, Plegarias nocturnas (Mondadori), trate de dos personas que desean estar juntas a toda costa –en este caso dos hermanos— y de la multitud de problemas que se lo impiden. La tercera voz de la novela es la de otro clásico, un cónsul. "Un tipo solitario, aficionado a la escritura y a la bebida. Un cónsul literario”, dice Gamboa con ironía, “tiene que ser una persona con gran propensión al alcohol, aunque solo sea por homenaje a Malcolm Lowry".
Ya puestos, la charla transcurre en el Harry's Bar de Vía Veneto, en Roma, donde Gamboa vive desde hace años, y delante de un Bloody Mari. “Quería aprovechar la historia de los dos hermanos”, explica Gamboa, “para contar un tema que es muy cercano a mí: la gente que sale de su país. En este caso, la mayor parte de la vida de los protagonistas transcurre en Colombia, pero el meollo final está fuera. A mí me gusta mucho el tema del viaje. Yo me he pasado la vida viajando, he vivido en cinco países y me gusta que eso esté en las novelas que escribo. La historia recordada sucede en Bogotá, pero la historia real transcurre en cuatro ciudades de Asia”.
La Bogotá de Plegarias nocturnas es la Bogotá de los ocho años que transcurrieron entre 2002 y 2010, que es el tiempo en que Álvaro Uribe presidió Colombia. Santiago Gamboa ya hacía tiempo que vivía fuera –estudió en Madrid y París, se afincó en Roma y viajó a India como diplomático--, pero cada vez que volvía le llamaba la atención la electricidad del ambiente. "Yo quise que la adolescencia de los protagonistas de la novela pasara en esa época, porque fue en la que yo más sentí la violencia, no la de los tiros y los secuestros, sino la violencia invisible de la tensión entre la gente, de las familias que se dividían en dos, de los amigos que se marchaban para siempre dando un portazo. Nunca como en esa época la vida política entró en la vida privada de la gente de una manera tan violenta”.
Santiago Gamboa explica que, tras la salida de Uribe del poder y la llegada de Juan Manuel Santos, ha vuelto a Colombia en dos ocasiones y la sensación ya es otra. “He notado que la gente misma que antes vivía en esa exacerbación, de repente dice: es increíble que viviéramos así. Tienen la sensación de que la olla a presión se liberó. Sigue habiendo muchos problemas, pero ya esa tensión tan violenta no la hay. En cualquier caso, la raíz del problema es que la sociedad colombiana cree que los buenos están adentro y los malos, los otros, los paramilitares, la guerrilla, están afuera. Y no es así. La sociedad colombiana tal vez no se ha dado cuenta aún de que esos de ahí afuera son el síntoma de la maldad que hay en ellos. Y esa es la violencia invisible que retrata la novela en la familia: esas miradas, esa frialdad, esa manera de acusar a los hijos de una manera ridícula. Esa separación tan violenta entre dos generaciones que se dio muchísimo en Colombia en esos años. La violencia de los disparos y de las bombas es la consecuencia de esa violencia…”.
A medida que se agota el Bloody Mari vamos dejando atrás Colombia y adentrándonos en la literatura. Dice el escritor –autor de Perder es cuestión de métodoEl síndrome de Ulises, Hotel Pekín o Necrópolis— que ser latinoamericano ya no es tan atractivo como lo era hace 30 años. “En los años setenta, si eras latinoamericano y tenías una novela ya casi tenías el 50% hecho. Eso ya no es así. Y es bueno. Yo no quiero que nadie lea un libro mío por ser latinoamericano, sino porque le gusta lo que escribo. Yo no leo a Malraux por ser francés ni a Tabucchi por ser italiano, sino porque me gusta lo que escriben. Es casi una mayoría de edad que la literatura latinoamericana se merecía después del boom, cuando la literatura latinoamericana tomó una dimensión que la llevó a ser la más grande de la segunda mitad del siglo XX. Pero ya eso cambió. Hoy los escritores latinoamericanos leen con la misma devoción a los autores españoles –Javier Marías, Vila-Matas, Javier Cercas o Muñoz Molina— con la que esos escritores leían entonces a los escritores latinoamericanos”.
Ahora, añade Gamboa, el único que se sale del cuadro es Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-2003): “Con excepción de él, no hay ningún otro que sobresalga. Fue un escritor underground mucho tiempo y luego, de 1993 a 2003, ya fue reconocido con todos los honores. Y de ahí pasó a la historia de la literatura. Recuerdo que fue Jesús Ferrero quien me lo dio a conocer. Me dijo, deja todo eso que estés leyendo y lee esto… Leí Llamadas telefónicas y quedé deslumbrado. Luego conocí a Bolaño en Roma y nos veíamos todos los días. Pero no olvidaré el día que iba a mi primera cita con él en el Campo de’ Fiori. Sentía que iba a conocer a uno de los grandes, como si me hubiera citado con Vargas Llosa o con Thomas Mann…”.

viernes, 11 de mayo de 2012

Dos poemas de Eduardo Mitre

Hace tiempo que no habían noticias de este poeta boliviano, Mitre (Oruro, 1943), y la última edición de Letras Libres viene con dos poemas suyos. Palabras sencillas y la misma nostalgia de siempre, para seguir buscando la palabra exacta.



Enigma
Cuál será la última palabra
que entre o salga de mis sentidos,
antes de que se me apaguen
como las luces de una casa:
el oído, la voz,
la mirada.

¡Cuál será esa palabra!
¿Será dicha, leída
o solo escuchada?

Y en qué lengua: ¿nativa,
o extranjera?
¿Reconocible
o totalmente ajena?

¿A qué, a quién
se dirigirá esa palabra? ~


Pena
Y se quedarán los pájaros cantando.
J.R.J.

Me da una pena indecible
decirles para siempre
adiós a las palabras.

De todas las lenguas,
y mucho más
a las amorosas de la nuestra.

Y todo por un silencio
que no es nada sin ellas,
por una mudez
que ni siquiera es ausencia
sino pura pérdida.

Me dan pena mis oídos
que ya no escucharán
la voz de nadie,
y mis labios
que no nombrarán ya nada;

mientras ellas seguirán,
palpitantes, de labio en labio,
revoloteando en el aire,
con sus alas ya imposibles
para mi voz apagada. 

jueves, 10 de mayo de 2012

Una mirada antropológica a la Inca Kola

El fenómeno de la marca Inca Kola, una de las poquísimas bebidas gaseosas que le ha hecho la competencia a la Coca Cola, ha sido visto ya desde muchas ópticas, especialmente desde las comunicaciones y el márketing. En la Revista Ñ, de Argentina, hay un texto de un antropólogo, que revisa el éxito de la bebida amarilla y su relación con la identidad nacional.
La foto ha salido de aquí.

Escribe: Antrop. Nicolás Artusi


Y un día, Perú se convirtió en Suecia. Fue cuando los rojos y el blanco del pabellón patrio imaginado por el prócer panregional José de San Martín mutaron en los nórdicos azules y amarillos: los colores de Inca Kola. Si es cierto que el recoleto Jorge Luis Borges se empalagó con el dulzor de la “inverosímil gaseosa” para soportar los rigores físicos de su ascensión a Machu Picchu (como reseña Esteban Peicovich en su libro El palabrista ), los jóvenes que buscan la epifanía en el misterio inca traen como souvenir la remera de una bebida, estampada con el logo de reminiscencias prehispánicas. En reemplazo de los íconos nacionales tradicionales, y con un eslogan histórico que refuerza los lazos con un sentir patrio (“la bebida del sabor nacional”), Inca Kola se propone como un heroico foco de autodeterminación en el imperio de la onda dinámica: Perú es uno de los dos países del mundo donde una gaseosa nacional vende más que Coca-Cola. El otro es Escocia. Y aunque el día en que la multinacional yanqui compró parte de la empresa andina el sentimiento popular fuera de decepción ante el sometimiento (¡la traición!) frente a la potencia extranjera, sus colores azules y amarillos siguen siendo una reversión abyecta de la bandera del Perú.
Como la fría y avanzada Nokia para Finlandia, la expansiva y sintética McDonald’s para los Estados Unidos o la sobria aunque monárquica Harrod’s para Inglaterra, Inca Kola, inventada en Lima por el británico Joseph R. Lindley, comenzó a comercializarse en 1935 y es una marca que pinta un país, fronteras adentro y afuera. El antropólogo Miguel Angel Hernández publicó una tesis que investiga la influencia de las marcas de consumo masivo sobre las identidades nacionales.
“Mi interés sobre el fenómeno surgió a partir de la exposición de pautas publicitarias que inundaban la televisión a principios de la década del 2000”, le dice Hernández a Ñ , desde Lima: “La característica principal era enfatizar la ‘peruanidad’ de ciertas marcas y productos en desmedro de los artículos importados”.
Ahí donde la cocina peruana se haya postulado como Patrimonio de la Humanidad, y con el ceviche convertido en la más provechosa de sus embajadas, una bebida resume las paradojas de la época: es el producto más exitoso en las góndolas de los supermercados y, a la vez, se erige como ejemplo del brutal paso del neoliberalismo por Latinoamérica en la década del 90 y modelo de rebeldía: “La gaseosa de color amarillo y gusto azucarado, comparado con la goma de mascar por turistas extranjeros, hace gala de su compatibilidad única con la cocina criolla costeña, la comida chino peruana, los platos de ascendencia andina y las demás tradiciones culinarias del país”, explica Hernández: “El color también implica una diferencia sustancial con la oferta existente y refuerza la idea de excepcionalidad y ni qué decir del nombre ‘Inca’ y del logotipo, al cual hace pocos años se le agregó el mapa del Perú”.
¿Cuál es el lugar que una marca ocupa en el imaginario social de un país?
La Inca Kola forma parte del grupo de bebidas que existían en el Perú antes de la expansión mundial de las grandes transnacionales de gaseosas estadounidenses, Coca-Cola y Pepsi. La marca se posicionó comercialmente en las grandes ciudades del país, otorgándole una omnipresencia en el territorio, lo cual refuerza la idea de su “peruanidad”. En los 90, la masiva invasión de productos y capitales extranjeros resultaron en el colapso de la industria nacional. Fueron pocos los productos que lograron permanecer en el mercado y muchos de ellos, como Inca Kola, apelaron a ese posicionamiento en el imaginario nacional en sus estrategias publicitarias. A los discursos anteriores se le agregó la representatividad como la bebida “propia” frente a lo invasivo, lo foráneo. El índice de consumo de gaseosas, que era compartido entre varias ofertas, se polarizó entre Coca Cola e Inca Kola. Y la alianza estratégica de ambas empresas despertó una ola de críticas por la supuesta sumisión ante el gigante externo.
Aunque el popstar del grupo inglés Jamiroquai haya bailado con la camiseta rojiblanca del seleccionado peruano en su video Seven Days in Sunny June (“sólo porque me gustaron los colores”), entre los jóvenes se popularizaron las ropitas que replican los atributos de la marca: se los puede ver cualquier fin de semana por el Abasto porteño, donde la Inca Kola se vende en las esquinas y los comipasos ofrecen combos de bife a lo pobre y papas a la huancaína.
Acaso sin advertir que se uniforman con una marca, encarnan una rebelión módica contra la Cajita Feliz: “La inclusión de polos, o remeras como le dicen ustedes, con el logo de Inca Kola surgió como una respuesta social al fenómeno de la globalización”, analiza Miguel Angel Hernández: “Aquí se dio cuando las personas entraron al diálogo con el mundo globalizado y expusieron aquellos elementos característicos que los hacen pensar y definirse como peruanos”.
¿Cómo funciona el proceso de “sustitución” de identidades nacionales: de los símbolos patrios a los logotipos de las marcas?
La peruanidad se recrea continuamente. Un país caracterizado por la enorme diversidad cultural no logró con el paso de los años, a pesar de los esfuerzos que se dieron desde el Estado y demás actores, la homogeneidad de un discurso nacional, que siempre fue poroso y proclive a la atomización. Como dice el filósofo Néstor García Canclini, con la globalización, la oposición entre lo propio y lo ajeno se desdibuja. El discurso de lo global pretende crear (y crea) una identidad objetiva basada en la libre capacidad de elección y para eso se otorgan un conjunto de elementos culturales supuestamente universales, que se asocian a este discurso y que se difunden en los medios de comunicación. El fácil acceso a otros rasgos culturales expone a los individuos ante una gran diversidad de elementos foráneos de los cuales apropiarse y construir nuevos límites sociales.
¿Y cuál es la reacción ante esa invasión?
Las comunidades nacionales tienden a cerrar filas contra el discurso homogeneizador, a partir de la revalorización de sus características culturales y elementos originarios. En el Perú, esto se dio a través de la creación de diversos símbolos representativos culturales, como los productos de consumo cotidiano. Al igual que los símbolos oficiales tradicionales, intentan sintetizar la infinidad de características de la población y del territorio que tiene el país.
En tiempos de descrédito ante las instituciones, ¿cuál es la respuesta del público frente a la omnipresencia de una marca como emblema nacional?
El investigador peruano Rolando Arellano sugiere que el nacionalismo emergente surgió dentro de un contexto interno de crisis de valores. Luego del nefasto episodio de corrupción de la década del 90, los peruanos encontraron motivos de orgullo ya no en los símbolos oficiales tan estrechamente relacionados con un Estado corrupto y ajeno a la población, sino en elementos más cercanos y cotidianos, como la comida o la música, a los que se tiene un acceso mucho más inmediato. Y sobre los cuales se puede ejercer una influencia más directa.