jueves 17 de diciembre de 2009

Algunas anotaciones sobre la nueva narrativa puneña

Artículo que se publica en diferentes medios escritos en mi columna El barco ebrio

Sin pretender asumir una mirada estrictamente académica o formal, he anotado algunas ideas respecto a la nueva narrativa que se escribe en Puno y por escritores puneños, en general jóvenes, género que en los últimos diez años ha cobrado una renovación que merece ser tomada en cuenta y trasmitida, o compartida, con otras propuestas que se dan a nivel macrorregional o nacional.
Hay un consenso en señalar que no es precisamente la narrativa -novela o cuento- la que ha dado sus mejores nombres para engrosar las filas de los más importantes escritores del país, sino más bien la poesía y en otra medida la música, la pintura y el pensamiento, ya sea a través del ensayo literario, el periodismo o el pensamiento. Basta con recordar que el nombre más importante de las artes nacido en Puno es el poeta Carlos Oquendo de Amat, y están luego Theodoro Valcárcel en música, José Antonio Encina en pedagogía, Gamaliel Churata en pensamiento, Federico More en periodismo y Víctor Humareda en pintura. Es cierto que hay muchos y notables nombres más, pero esta es una mirada ilustrativa que puede dar pie a un análisis más completo.
Sin embargo, basta revisar algunos trabajos importantes como los estudios de Feliciano Padilla, Jorge Flores Aybar y Percy Zaga, principalmente, para tener una mayor mirada sobre la presencia de artistas de alcance regional y nacional, y algunas antologías nacionales para identificar los nombres de los artistas puneños bien posicionados en el espectro nacional.
La narrativa puneña ha experimentado una interesante renovación desde finales de la década del ochenta del siglo pasado, con autores jóvenes como Élard Serruto y otros experimentados como José Luis Ayala y Omar Aramayo. La mirada moderna de la condición humana, el manejo pulcro del lenguaje y los intentos de renovar la estructura del género eran algunas de las características de sus obras, influidas por la experiencia del periodismo y el rescate de la identidad andina. Posteriormente hacen un aporte importante narradores mayores como Luis Gallegos, Feliciano Padilla, Jorge Flores Aybar, Jovin Valdez, entre otros, donde lo común es el contexto andino en el que se desarrollan sus historias y ficciones. Al margen de ellos, y casi en el desconocimiento oficial, el juliaqueño Carlos Calderón Fajardo construía una obra sólida en el extranjero, con matices en los que lo andino pasaba a segundo plano.
Podemos anotar que los jóvenes que proponen una nueva narrativa en Puno, de manera responsable y decidida, son el ya mencionado Élard Serruto y Christian Reynoso. En ellos hay un punto en común, es el periodismo una suerte de punto de partida para su trabajo de ficción. El primero ejercía el periodismo en Arequipa y sus relatos iniciales eran, en realidad, crónicas periodísticas sobre sucesos cotidianos y sociales, que al ser redactados con un lenguaje hasta cierto punto poético adquirían ribetes de ficción. En el caso de Reynoso, su primer trabajo importante es una biografía sobre un periodista ejemplar, Samuel Frisancho, director del diario Los Andes.
La década del noventa transcurre con un nuevo auge de revistas de literatura, impulsadas siempre por la vehemencia e ímpetu de jóvenes soñadores y el aporte exiguo y casi arrancado a la fuerza por algunas instituciones. Es en esas páginas que se empieza a forjar la nueva prosa puneña, de manos de estudiantes de la Universidad del Altiplano y del Instituto Pedagógico, donde además se impulsa el estudio y el análisis crítico de la literatura a través de la elaboración de tesis universitarias y estudios de maestría. Esta etapa daría sus resultados muy pronto, pues han sido los profesores universitarios jóvenes quienes han terminado publicando interesantes libros de narrativa.
Muy pronto, en el tránsito de la década del noventa a la primera década del siglo veintiuno, la lista de autores jóvenes y los títulos de volúmenes de narrativa se han incrementado notablemente, tal vez en mayor medida que en otras regiones cercanas como Cusco o Arequipa. Aparece, entonces, Fidel Mendoza y se consolida Zelideth Chávez, y siguen en la fila autores como Adrián Cáceres, Bladimiro Centeno, Darwin Bedoya, Walter Bedregal, Miguel Angel Cáceres, Eleonor Vizcarra, Javier Núñez, entre otros, anotando de manera especial la presencia de Edwuard Huamán, fallecido trágicamente el año 2000 a los 25 años.
Hay, sin duda otros nombres, algunos de los cuales su obra no es muy conocida o la calidad no ha alcanzado aún los niveles que en conjunto han logrado los ya mencionados pero, como adelanté desde el principio, esta es una primera y panorámica mirada de un proceso artístico que deberá tener resultados más concretos los siguientes años.
En este punto debo destacar los aportes e intentos, espero por ahora silenciosos y aún solitarios, de profesores como los del colegio Bustamante de Lampa, donde se han publicado ya interesantes volúmenes de poesía, narrativa y mitos escritos por los propios estudiantes, y de cuya cantera saldrán nuevas voces y mejores perspectivas para enriquecer la literatura regional.
La nueva narrativa puneña tiene algunos rasgos que se hacen comunes a todos los narradores mencionados y que conformarían un nuevo imaginario de la ficción local, sin que eso signifique que se circunscriba solamente a Puno sino que a través de estas características se proyecte y trascienda fronteras. En primer lugar hay que destacar que los escenarios se definen con nombre propio y son precisamente la ciudad de Puno, algunas de sus provincias y las ciudades grandes aledañas, como Arequipa y Cusco, lo que convertirían a estas ciudades en protagonistas de las historias que se cuentan, de la misma manera los personajes son nombrados con nombres y apellidos comunes a la zona, lo que los hace más cercanos al lector que conoce el contexto y al mismo tiempo ilustra a lectores ajenos sobre realidades concretas de Puno.
Otro rasgo común entre los nuevos narradores es el uso del erotismo como excusa para que sus personajes manifiesten sus miedos, obsesiones, intereses o fracasos. “Salomé y otros cuentos”, de Javier Núñez, y “Días secretos”, de Bladimiro Centeno, por ejemplo, reúnen historias donde sus personajes, a raíz de una relación amorosa y erótica, terminan en la soledad mascullando su condición de seres abandonados o frustrados, o dándole un giro dramático a sus vidas. Sin embargo, hay que anotar que el manejo de temas como el del erotismo, requieren de un mayor dominio del lenguaje y de las técnicas narrativas para que no se convierta en el centro de atención del relato.
Los nuevos narradores han asumido también incluir en sus historias acontecimientos, sucesos y escenas de la vida cotidiana de Puno, como sus fiestas, espacios geográficos y hechos históricos para darles a sus personajes un lugar dónde resolver sus propias circunstancias. Así, la propia ciudad de Puno, como sus distritos y su gente, se convierte en personaje de los nuevos narradores, aunque hay que anotar que aún no se adopta, a través de sus obras, posiciones sociales o políticas que ayudarían a que la visión que se tiene de la ciudad sea también un referente para entenderla y motivar los cambios que requiere para no perder el paso de la modernidad.
Este detalle, como el que se opta por una narrativa más concreta, sin mucha retórica, aunque con lenguaje menos poético, ayuda a ser más digerible la nueva narrativa que, por otro lado, requiere aún más empeño para ordenar historias y usar adecuadamente el idioma, algo que sin duda llegará con la madurez intelectual de los nuevos narradores y el tiempo.


Foto: Vista de la ciudad de Puno, con el Lago Titicaca al fondo, escenario y protagonista de la nueva narrativa puneña.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Premio Juan Rulfo de cuento y novela para Argentina y Colombia



Se acaba de publicar el fallo de los premios Juan Rulfo para cuento, novela corta y fotografía, que otroga Radio Francia Internacional, pero con malas noticias para el Perú porque no hay autores nacionales en las listas de premiados y finalistas, aunque por lo menos un nombre conocido, el de José Rosas Ribeyro aparece como procedente de Francia, y otro, tal vez el arequipeño Carlos Herrera, también dice haber enviado sus trabajos desde el mismo Francia. Siempre hay cierta expectativa, pues en ediciones anteriores han accedido a este importante premio internacional autores como Mirko Lauer, Rodolfo Hinostroza y la arequipeña María Teresa Ruiz Rosas. Aquí van las listas oficiales: En cuento el premio fue para el argentino Mariano Pereyra Esteban (abajo) por El metro llano, en novela el ganador fue el colombiano Adolfo Ariza Navarro (arriba) por Mañana, cuando encuentren mi cadáver. A su vez, elpremio de fotografía Unión Latina - Martín Chambi fue compartido por los españoles Javier Acenilla y Emilio Muñoz Blanco, por Head workers y Cities, respectivamente.


Finalistas del premio de cuento:
- El mal de Troya: Elena Alonso Frayle (Alemania)
- El capitán Ludomodrov y sus rusos que no eran rusos: Alberto R .F . Zelaya (Argentina)
- Interrupción II: Marcelo Fernando Lara (Argentina)
- El metro llano: Mariano Pereyra Esteban (Argentina)
- Pajaritos y víboras: Ariel Búmbalo David (Argentina)
- El amor a la luz del paleolítico: Iván Alfonso Loyola Velarde (Canadá)
- Delito flagrante: Poli Delano (Chile)
- La pluma inglesa: Jorge Aristizábal Gáfaro (Colombia)
- Variaciones al arte de la fuga: Francisco López Sacha (Cuba)
- Decir casi lo mismo: Juan Carlos Chirinos García (España)
- La amnesia: Vicente Fernández Saiz (España)
- Helsinki: Carlos Jiménez Climent (España)
- Mira lo que has hecho de mí: José Rosas Ribeyro (Francia)
- Licaón en Praga: Carlos Herrera (Francia)
- Caperucita Roja: Eugenio Partida (México)
- Misterio JFK: Alfredo Javier Viveros Martínez (Paraguay)
- Dos noches y un día: Hugo Fontana (Uruguay)

Jurado de cuento: Aline Schulman, Oscar Collazos, Waldo Rojas, Claude Fell, Efraín Kristal, Ignacio Padilla, Fernando Carvallo, Javier de Lucas y Elqui Burgos.
Finalistas del premio de novela corta:
Mañana, cuando encuentren mi cadáver : Adolfo Antonio Ariza Navarro (Colombia).
- Placeres últimos : Goran Tocilovac (Francia)
- El Yakusa de mi Corazón: Marnie Forestieri (Francia – República Dominicana)
- La Modelo : Felipe Tupper (Francia)
- Plastilina : Juan de Mata Hernández Mota (Venezuela)

Jurado de novela corta: Lidia Barugel, Claude Fell, Rosa Regás, René Vázquez Díaz, Michèle Gazier, Ernesto Pérez Zúñiga, Mercedes Deambrosis, Eduardo García Aguilar, Jorge Volpi, Patrick Rosas, Fernando Aínsa y Ramón Chao.

domingo 13 de diciembre de 2009

Ribeyro o la palabra dicha en voz alta



Luego de alguna postergación puedo publicar aquí este artículo aparecido en diferentes medios impresos en mi columna El barco ebrio.

Probablemente sea Julio Ramón Ribeyro el escritor peruano que mayor proyección internacional está alcanzando de manera póstuma. En otros casos, como José María Arguedas, Ciro Alegría o Manuel Scorza, en el caso de la narrativa, habían logrado un lugar preferente en América Latina y tuvieron la oportunidad de plantear y debatir ideas literarias, sociológicas y hasta políticas. En el caso de la poesía, casos como Jorge Eduardo Eielson, Martín Adán o Blanca Varela, también se han posicionado en el espectro internacional o se han convertido en autores de culto. En todos los casos, como en otros en igual o menor medida, se sigue analizando su obra y descubriendo nuevas fuentes para su interpretación.
Ribeyro está en tránsito de ser un autor admirado y querido a ser un autor de culto y de ahí a ser uno de los más importantes e influyentes narradores que ha dado el Perú. A quince años de su muerte, la obra de este narrador limeño está cobrando una importancia mayor, no solo porque cada vez se abren más espacios para discutir y analizar su obra, especialmente la narrativa breve, sino para difundirla, como lo están haciendo editoriales españolas, mexicanas y, por supuesto, peruanas.
Sin embargo, sigue siendo difícil encasillar la obra narrativa de Ribeyro. La temática social y urbana, predominante en sus textos, así como la fantástica, no son los rasgos más importantes de su producción, más bien la soledad, la frustración y la visión de la muerte serían los mundos que intenta explorar a través de personajes sacados de los resquicios más ignorados de las ciudades, es decir de la sociedad.
En la obra de Ribeyro, a diferencia de la de muchos autores nuevos, sí se puede encontrar un mensaje social, una moraleja que cuestiona el sistema y se manifiesta, claramente, la voz de aquellos individuos desesperanzados, aislados y marginados. Es precisamente la condición humana, las obsesiones individuales, el punto de partida de la fabulación ribeyrana, y el clima o el contexto social es el telón de fondo, mientras que la sociedad, como conjunto de individuos que se rigen bajo las normas de un sistema establecido, es su blanco de crítica y denuncia.
Desde los textos más cortos, hasta sus nouvelles como Silvio en el Rosedal o Al pie del acantilado, dentro de su producción cuentística, y sus novelas como Los geniecillos dominicales o Cambio de Guardia, y luego sus reflexiones personales reunidas en Prosas Apátridas y Los dichos de Lúder, son parte de un inmenso mosaico social, un retrato hablado del proceso de cambio social que vivió el Perú desde la década del cincuenta y se desembalsó en la capital, Lima, hasta convertirla en una urbe caótica. Toda la obra de Ribeyro podría servir de fuente de consulta y documentos de análisis para cualquier sociólogo o antropólogo que quiera interpretar y entender a la sociedad peruana.
En la década del cincuenta, precisamente cuando se iniciaba ese desborde popular, madura en el Perú una extraordinaria generación de artistas e intelectuales. Poetas y narradores, especialmente, superan el indigenismo imperante y viran hacia la modernidad urbana, pero no todos asumen la voz de quienes sufren ese cambio. Mario Vargas Llosa, por ejemplo, se inicia escribiendo cuentos urbanos y tomando partido por los sectores más altos, mientras que Oswaldo Reynoso lo hace poniéndole voz a los sectores urbano - marginales, reflejando en sus libros el lenguaje de la calle, la jerga pandillera y el drama de los que intentan colarse en mundo de oportunidades. Ribeyro, por su parte, presta voz y habla por aquellos que dentro del nuevo orden social que impone el crecimiento urbano superviven al fracaso, a la soledad y la frustración personal, convirtiéndose en seres inexistentes, vanos, a pesar de ser ellos quienes le dan forma y vida a la ciudad.
Fumador empedernido y solitario por vocación, el joven Julio Ramón abandona sus estudios de Derecho en Lima y parte a Madrid en 1952 para estudiar periodismo, estudios que también deja para ir a la Sorbona, de Francia, donde finalmente decide quedarse realizando diversos trabajos, tanto como periodista como traductor. En 1958 vuelve al Perú para ejercer la docencia en la Universidad de Huamanga, en Ayacucho, y en 1960 vuelve a Europa, donde ejerce funciones diplomáticas y de representación a nombre del Perú, como el de embajador ante la Unesco. Se establece nuevamente en Lima en 1993, año que obtiene el Premio Nacional de Cultura, y en 1994 obtiene el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. Ese mismo año, el 4 de diciembre, muere en Lima, afectado por una enfermedad pulmonar a los 65 años.
Mientras la productiva generación del 50 se abría paso en el Perú y el boom de la novela de los años sesenta se instalaba en el continente, para luego ambos trascender internacionalmente con nombres como Blanca Varela, Jorge Eduardo Eielson, Pablo Guevara, Javier Sologuren, por un lado, y Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Enrique Congrains Martin, por el otro, Ribeyro se mantiene al margen de los grupos y las modas y se hace marginal, como sus personajes, elaborando silenciosamente su trabajo, retratando a su sociedad y soltando a sus demonios interiores. Publica nueve conjuntos de relatos, que lo ponen a la vanguardia de la cuentística latinoamericana y se va formando un público atento y leal a su alrededor. Precisamente la editorial Alfaguara publica en 1994 sus Cuentos Completos, y antes editoriales peruanas lo habían hecho en varios tomos bajo el título de La palabra del mudo, una metáfora que resumía el objetivo del escritor, el de darle voz a quien no la tenía.
En los últimos años, han sido investigadores jóvenes como Jorge Coaguila quienes se han dedicado a rescatar su obra y este mes, precisamente en la feria del libro que se realiza en Lima y que está dedicado a él, la editorial Seix Barral publica dos tomos de su obra cuentística, en la que se han incluido textos escritos en juventud y otros “olvidados”.
Si bien la obra de Ribeyro resalta la condición en la que viven las personas comunes y corrientes en medio de la ciudad, ésta se hace sin poner en riesgo el lenguaje, que se mantiene sencillo y directo, sin adornos y ni ensayos que intenten romper o trasgredir el sistema idiomático. Esta característica le da doble valor a su obra, pues así como es voz de quienes viven al margen, también puede ser leído por todo público, desde la escuela hasta la cátedra, y desde un extremo a otro de América Latina, y accesible a la traducción a cualquier idioma de cualquier nación, donde también superviven las almas gemelas de los personajes del recordado “flaco” Ribeyro.

jueves 3 de diciembre de 2009

Nueva Gramática de la Lengua Española


Fruto del esfuerzo y la sabiduría de decenas de especialistas, la Nueva Gramática de la Lengua Española ha sido preparada durante once años por las veintidós Academias de la Lengua Española, capitaneadas por Ignacio Bosque, uno de los mayores expertos del ámbito hispánico en esta materia. Lo que ahora llega a las librerías son los dos primeros tomos de la Gramática: 4.000 páginas dedicadas a la morfología y a la sintaxis, cuidadosamente editadas por Espasa, el sello que en el primer trimestre de 2010 también publicará el tomo de la fonética y la fonología, coordinado por José Manuel Blecua.
La nueva Gramática presenta un mapa de la unidad y de la variedad del español e ilustra las construcciones con 40.000 ejemplos, la mitad de los cuales proceden de textos de escritores y de la prensa de todos los países hispanohablantes.
La nómina de autores es impresionante. Esta obra de referencia, que se presenta el 10 de diciembre en un acto presidido por los Reyes de España, es "una de las más detalladas de cuantas gramáticas del español se hayan escrito", como se afirma en la introducción del libro. La Gramática académica es descriptiva y normativa y, por primera vez, le presta una gran atención al español de América.
En cualquier capítulo hay un sinfín de pruebas de la diversidad del español, como sucede, por ejemplo, en el apartado de los adverbios adjetivales, que "poseen más vitalidad" en América que en España. "Una pena, porque cantaba bonito y en varios idiomas", escribe Bryce Echenique en La vida exagerada de Martín Romaña.
Esta cita ilustra el uso de adverbios adjetivales, presentes en expresiones como "bañarse sabroso"; "hablar claro y raspado" (con franqueza), que se emplea en el área caribeña; o "claro y pelado", como se dice en varios países centroamericanos. En el Río de la Plata se sueña "fiero" cuando se tienen pesadillas, pero en el área andina prefieren "soñar feo".
En muchos países, quien tiene excesivas aspiraciones "pica alto" o "tira alto", y en Colombia "hilar delgado" equivale a "hilar fino". "Comer macanudo", "caminar rico", "beber recio", "oler feo", "llevarse pésimo" y "pasarlo chévere" son otros ejemplos de adverbios adjetivales.
En la nueva gramática se estudia ampliamente el voseo, un fenómeno que desapareció "casi totalmente" del español europeo en el XVII y principios del XVIII, pero que está muy extendido en algunas regiones de América, sobre todo en la rioplatense y centroamericana. "Vos amás", "vos tenés" o "vos tenís", y "vos partís" son algunas de las múltiples variantes de este fenómeno que está "en constante evolución".
El sufijo '-ido' ha creado neologismos en América como "llorido", "rebuznido", "relinchido", "toquido" (ruido que se hace al tocar) o "chiflido" (de "chiflar", silbar). Los sustantivos terminados en -"azo" también dan mucho juego. En Bolivia "nortazo" y "surazo" designan vientos ("el surazo que azota desde ayer a la capital cruceña..."); en Venezuela se dice a veces "pupitrazo" para aludir a una protesta estudiantil, y en Colombia se aprueban artículos a "pupitrazos" (golpeando los pupitres).
Una primicia informativa es "un tubazo" en algunos países caribeños. Propio de Hispanoamérica es también decir "tengo viviendo allí diez años", "tengo varios años trabajando en esta empresa", y al habla coloquial de México, Centroamérica, Río de la Plata y área andina pertenecen expresiones como "me vive repitiendo que...", "mi mamá me vive diciendo que tenga cuidado en la calle".
Artículo y fotografía tomados de la Revista Ñ

miércoles 2 de diciembre de 2009

Koboyashi Issa se aleja de su ciudad y escribe postales




Cada verso que escribo
Es de carne y hueso
Eielson




I

Las tardes son grises y la lluvia amenaza,
no me alcanza la noche para conocer la ciudad,
acabo en los bares,
que son muchos,
para emborracharme, escribir,
y seguir viviendo.

En alegres salones de té he conocido a distinguidas damas
que preguntan por mi país,
no les importa mi edad ni el color de mi cabello,
cuando ríen se iluminan los rincones donde
toco sus piernas, sus rodillas, sus manos de zancudo.

Las tardes son oscuras,
cuando llueve te extraño.




II

Este es un puente sobre el río sin nombre,
todos lo conocen,
pero no interesa,
al fondo se ve un destello:
soy yo escribiéndote en estas postales robadas.



III

¿Cuándo volveremos?
Basta la mirada para compartir una tristeza.
¿Hacia dónde vamos?

Dentro de poco te diré cómo llegar,
o te diré cuándo llegaré;
escribiré una carta extensa
en papel de arroz, antes de cruzar el puente,
o saltar de él.



IV

Apenas he mirado sus ojos,
la distancia que se desprende de sus
pupilas acuosas,
y una frontera infinita ha florecido
como un árbol.
Así es,
toda la luz que se desprende
hasta eliminar las sombras, el invierno, el miedo,
todas las palabras que caen
de sus ojos luminosos,
todo el silencio
es un cesto de flores que he recogido para regarlas sobre ti.



V

Este es un crepúsculo en la isla.
Mira, pues, qué maravilla.


Inédito de mi libro "Mar de la intensidad"

martes 1 de diciembre de 2009

José Luis Ayala en Cusco


José Luis Ayala, poeta aymara, inquieto investigador, infatigable escritor, viajero impenitente, fraterno amigo, estuvo brevemente en Cusco para presentar dos de los seis libros publicados este año y de los cincuenta que ya tiene en su haber, a lo largo de casi medio siglo de vida artística. Precisamente venía de Huancané, su tierra natal, donde fue objeto de un homenaje a su carrera artística e intelectual. En la foto Ayala, inconfundible con pelo cano y boina negra, es acompañado a su derecha por Mario Guevara, director de la persistente revista Sieteculebras, y a su izquierda por Jesús Manya y Luis Nieto Degregori, en la casa de cultura del barrio San Blas.

lunes 30 de noviembre de 2009

José Emilio Pacheco: Premio Cervantes

La Revista Ñ trae la nota sobre el Premio Cervantes para el mexicano José Emilio Pacheco.

El presidente del jurado del Nobel de las letras castellanas, José Antonio Pascual, destacó que "definir a Pacheco es definir el idioma entero" y señaló que el galardonado, que fue elegido por mayoría tras varias deliberaciones, es "un poeta excepcional de la vida cotidiana con profundidad y capacidad de recrear un mundo propio".
Nacido el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, la obra de Pacheco está marcada por su preocupación ética y reflexiva, sin perder nunca de vista la realidad cotidiana. Cuando Pacheco recibió el pasado día 17 en Madrid el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en un acto en el que afirmó con humor: "No soy el mejor poeta de México, ni siquiera el de mi barrio, porque vivo al lado de Juan Gelman".

Considerado por los lectores de la revista "Letras Libres", en 2002, como el mejor poeta vivo, José Emilio Pacheco es una de las voces más importantes de Latinoamérica. No solo es un grandísimo poeta, sino también uno de los mejores traductores, ensayistas y dramaturgos. La elección de Pacheco, de 70 años, cumple con la regla no escrita del premio Cervantes de alternar su concesión a literatos de uno y otro lado del Atlántico después de que el pasado año, el galardón recayera en el escritor español Juan Marsé.

El escritor mexicano es autor de los poemarios "Tarde o temprano (Poemas 1958-2000)"; "El castillo en la aguja" (1962); "Los elementos de la noche" (1963); "El reposo del fuego" (1966); "No me preguntes cómo pasa el tiempo" (1969, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes); "Irás y no volverás" (1973). Además de "Islas a la deriva" (1976); "Ayer es nunca jamás" (1978); y "Desde entonces" (1980), "Trabajos en el mar" (1983); "Fin de siglo y otros poemas (1984); "Album de zoología" (1985); "Alta traición Antología" (1985) o "Miro la tierra" (1986). En su narrativa cabe citar las novelas "Morirás lejos" (1967), Premio Magda Donato, y "Batallas en el desierto" (1981), y cuatro libros de cuentos: "El viento distante y otros relatos"; "El principio del placer"; "El pozo y el péndulo", "La sangre de medusa", edición aumentada en 1990, y "Las batallas en el desierto".

Aparte del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009), otros galardones que ha recibido son el Nacional de Periodismo Literario (1980); Nacional a la trayectoria ensayística Malcolm Lowry (1991); Nacional de Lingüística y Literatura (1992); el Iberoamericano de Letras José Donoso (2001) y el Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003).